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martes, 4 de marzo de 2008

Promoviendo Un Comportamiento Positivo

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Buscando información sobre otra cosa, he dado con este artículo, destinado a profesores, pero válido para padres también. La imagen, como viene siendo habitual, de Patricia Metola. Me fascinan sus dibujos y como ando tan corta de tiempo, casi ni me molesto en buscar más imágenes.

Este artículo fue publicado originalmente en el número de Noviembre-Diciembre 2007 del periódico Defensor de los Niños, publicado por Action Alliance for Children.

Educación y Atención Temprana --
Promoviendo Un Comportamiento Positivo
"Desde dentro"
Maestros y cuidadores comparten sus experiencias sobre cómo ayudar a los niños a desarrollar su motivación para hacer lo correcto
Por Cecelia Leong
Traducción al castellano: Lucrecia Miranda


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Maestra, Puppy no hace caso. ¡Está saltando encima de su amigo!” A los niños en el programa de preescolar de Karen Estella en Los Ángeles les entra la risa ante las travesuras de Puppy “el impulsivo”. Junto con sus compañeros marionetas Snail “el lento” y Bunny “el tranquilo”, Puppy es parte del plan de estudios antiviolencia Second Step (Segundo Paso) que usa Estella para enseñar a los niños a manejar sus emociones, como tranquilizarse o llevarse bien con los demás. Estella les pregunta: “¿Qué tiene que hacer el muñeco ahora?”. A través del diálogo, apunta la compañera de profesorado Sandra Espino, “los mismos niños resuelven sus propios problemas”.

“Es necesario que el comportamiento positivo venga desde dentro, que sea su elección [la del niño]”, dice Laurie Prusso, de Modesto Junior College. ¿Pero cómo pueden maestros y cuidadores trabajar con los niños para motivarlos a escoger un comportamiento positivo?

Explicar el comportamiento requerido
El mal comportamiento, dice Prusso, es la etiqueta que damos a las formas inapropiadas con las que los niños procuran satisfacer sus necesidades. Los adultos pueden mostrarles estrategias más efectivas; luego las propias experiencias de los niños les enseñarán que el buen comportamiento funciona mejor.

Michelle Krehl, directora de The Nurtury Preschool —un preescolar cerca de Los Ángeles—describe una situación en la cual “un niño estaba derribando las piezas (de las estructuras para armar) de los otros niños y ellos le pedían que pare, pero él no lo hacía”. Krehl se dirige al pequeño y le explica que para permanecer allí con los demás él debe prestar atención a lo que le piden. “Pregunto a los otros niños qué les gustaría que él hiciera si regresa (al área de bloques para armar): Puede regresar si escucha y cumple las condiciones”.

Ayudar a los niños a aprender a manejar sus emociones
Cuando Estella ve a los niños con aspecto de enojados pregunta: “¿Necesitas que hablemos?”. El programa Second Step (Segundo Paso) enseña un proceso para tranquilizarse. Primero, el niño pone una mano sobre su barriguita [y se pregunta]: ¿Cómo me siento? ¿Necesito calmarme? Luego escoge una estrategia: Cuenta, respira hondo o simplemente se dice a sí mismo que ha de calmarse.

Espino encuentra este proceso especialmente útil cuando los niños hablan diferentes idiomas. Un niño puede mostrar a los otros que “él necesita tranquilizarse usando las claves no verbales de agarrarse la barriga y extender una mano para decir ‘basta’”.

Un niño del programa extracurricular Monte Rio de Eamon Sharkey “explotaba si alguien le tomaba el pelo”. Sharkey le sugirió que cuando se enfadara “parara y se pusiera a escuchar el viento”. Después de una semana notó una gran diferencia. “A veces él crea sus propios sonidos: ‘uuu, uuu’… Lo hace cuando empieza a sentirse enojado”.

Enseñar a los niños cómo integrarse en el juego de los demás
Algunos niños se agarran o golpean entre ellos porque no saben cómo acoplarse al juego de otros niños. “Los niños necesitan que les enseñemos”, dice Prusso. En el programa de cuidado infantil familiar de Catherine Scott en Long Beach, cuando una niña quiere acompañar a otra en la mesa de Legos ella la induce a preguntarle si puede entrar a formar parte (de su juego), al tiempo que le presta apoyo si la otra niña le dice que no. En ese caso, yo “le digo: ‘A veces la gente quiere jugar sola… Está bien. ¿Por qué no vienes aquí?’”

Enseñar y dar ejemplos de empatía
“(Los niños) miran cómo interactuamos con ellos y ellos copian”, dice Scott. Hace poco, cuando una niña nueva en el curso estaba llorando después de que su madre se había ido, Scott estaba encantada de ver cómo otro niño de cuatro años tocaba su hombro con cariño diciéndole: “mami va a volver”.

En el centro de desarrollo infantil del Junior College de Santa Rosa, explica la profesora Jeanne Harmon, “promovemos el apoyo entre compañeros y el desarrollo de la empatía”. Los niños pueden sacar “osos bu-bu” del refrigerador para cuidar de amiguitos que tienen “bubas” o “pupas”.

Usar muñecos para discutir problemas
“Con niños de cuatro y cinco años”, dice Kathryn Ingrum, directora del centro de desarrollo infantil de Grossmont College, “los muñecos son muy efectivos como experiencia de aprendizaje indirecto”. Hace poco ella advirtió que dos niños de cuatro años estaban excluyendo al hermano de tres años de uno de ellos porque “no podía hacer lo que ellos estaban haciendo; nunca les reprendí”, explica, pero utilizó muñecos para mostrar “lo que se sentía al no ser capaz de hacer lo que los otros sí pueden hacer”. Después de eso “empezaron a incluirle más, diciendo: ‘Vamos, puedes hacerlo, pon tu pie allí’”.

La maestra de preescolar de Los Ángeles Elizabeth Benítez usa marionetas para ayudar a sus estudiantes a pensar a través de situaciones diversas, antes de que éstas ocurran: “El caracol (Snail “el lento”, en el personaje de la marioneta) tiene miedo de girar demasiado rápido en el tiovivo: ¿Qué podemos hacer para ayudarle?”. Un niño respondió: “Quizá el caracol Snail pueda subirse a las rodillas de Puppy para que no le dé tanto miedo”.

Ayudar a los niños a hablar a través de los conflictos
El centro de Ingrum tiene un “árbol de la paz” en el rincón, con almohadones debajo del árbol. Cuando los niños tienen conflictos pueden dirigirse al árbol de la paz con un maestro. Cada niño tiene una oportunidad de explicar su lado de la historia y sugerir soluciones. Luego el maestro apunta la solución y la cuelga en el árbol.

“El año pasado”, dice Ingrum, “el nombre de Kevin estaba en cada papel colgando del árbol. La maestra decía: ‘¿Recuerdan lo que dijimos la última vez? Leámoslo’. Después de un tiempo cuando veía que ocurriría alguna cosa sólo tenía que señalar el árbol”.

Premios y elogios: pros y contras
Cindy Stephens, de College of the Canyons, usa premios de forma esporádica. Éstos son de “corto plazo”, explica. “Los niños pueden hacerse adictos a los premios. ¡Piensa en lo materialista que son los jóvenes! Nosotros les preparamos el camino con caramelos y pegatinas”.

La maestra Carole Anania de San Lorenzo está de acuerdo en que el objetivo para los niños debe ser interno: “Me gusta cómo me sentí cuando hice eso”. Pero los premios—como pegatinas, libros o juguetes—y los elogios, dice, a veces son necesarios “cuando es la única forma en que podemos llegar a ellos”.

Anania trabaja a menudo con niños con necesidades especiales. Con un niño autista—que tenía su capacidad de lenguaje extremadamente limitada—Anania usó premios inmediatos para establecer comunicación. Cuando el niño le traía un dibujo de lo que él quería, ella le daba el juguete y le hacía elogios. Con el tiempo, el objetivo de Anania fue quitarle la costumbre de recibir premios.

Podemos ayudar a los niños a que se centren en sus propias razones para hacer las cosas, dice Stevens. Más que emitir juicios del tipo: ¡buen trabajo!” o “¡eso está feo!”, Stephens sugiere respuestas empáticas como “pareces entusiasmado con tu trabajo”, o “¡qué pena!”.

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