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martes, 26 de junio de 2012

Fin de curso: deseos, frustraciones y descanso merecido

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manos



Llega el verano y con él el final del cole, ese ente con el que mantengo una relación de amor-odio. Aún recuerdo la pereza que me daba, a principios de septiembre, volver a la rutina. Y aunque reconozco que se me ha pasado volando el curso, ha habido momentos en los que he renegado profundamente del sistema y de la instituación escolar. Al mismo tiempo, víctima de un proceso de bipolaridad, o algo así, me he visto defendiendo a la escuela pública, secundando huelgas y acudiendo a alguna manifestación (no a todas las que me hubiese gustado, me han salido unos hijos muy contrarios a las multitudes). Lo uno no quita lo otro, pero agota.

Un año más, hemos intentado cambiar a mi hija mayor de colegio, a uno más acorde con nuestra forma de ver la educación formal (un pequeño "oasis" dentro del sistema, según lo vemos), pero no hay forma. La gente que nos conoce, al final ya nos ha soltado las típicas frases de: "algo mejor os viene", "si no ha sido es porque no tiene que ser", "lo importante es lo que vea en casa"... y demás argumentos que tienen por objeto animarte, en plan "míralo-todo-con-gafas-de-color-rosa". En esas estoy, porque reconozco que sabiendo que mi hija está segunda en la lista de espera, espero que haya algún tipo de carambola y aún podamos efectuar el cambio de aquí a septiembre. No obstante, hay que reconocer, que si hay que depender de la suerte y de alguna carambola, lo llevamos negro, porque desde que se abrió el proceso de inscripción, hemos ido de mal en peor en el apartado suerte. No cuento todo porque sería muy largo, pero lo más significativo ha sido que este año ha habido sorteo para desempatar en situaciones de igualdad de puntos, y tocó la H cuando mis hijos tenían la G. Así que entró gente con los mismos puntos que ellos, quedando los dos en último lugar en las listas de espera. Aumentaron ratio en primaria, así que al final la mayor está, como comentaba antes, la segunda en lista de espera. En ningún otro curso de primaria se han cubierto las plazas, salvo en el que queríamos (que casi te dices, mi niña es muy lista, ¿no la pueden pasar de curso?). Y para colmo, después de un largo proceso, a cada uno de mis hijos le asignaron un cole diferente, en diferentes ciudades.  Esto ha sido el remate, pues nos ha tenido unos cuantos días luchando contra la burrocracia para conseguir que estén los dos juntos, en un cole al que no nos apetece ni un pimiento que vayan. 

Así que por un lado, ando aceptando que los dos estarán juntos, yupi!! y no tendremos que recorrernos la comunidad de Madrid para recogerles cada día. Tengo espíritu positivo, estoy invadida por Pollyanna y me parece algo maravilloso el que estén en el mismo colegio, visto lo visto. Ando trabajando mi frustración y el que si finalmente nos quedamos (un año más) voy a implicarme de forma más continuada en la actividad escolar. El año que viene parece que viene movido, y no sólo por los recortes. Pero como digo más arriba, no pierdo la esperanza del cambio, no es algo que mi mente consiga cerrar del todo. Me duele y me cuesta aceptar la idea de que no vamos a poder darles a nuestros hijos el tipo de educación formal que nos gustaría (más allá de lo que pese o deje de pesar la educación que reciben en casa).

El verano  es tiempo de disfrutar y de seguir aprendiendo, porque los niños no dejan nunca de aprender (ni los mayores, aunque a veces nos cuesta darnos cuenta). Tenemos una lista de cosas que tiene que hacer la mayor, pero que vamos a archivar, para que no condicione. La mayor parte de las cosas de la lista las hará de forma espontánea (leer está incoporado en casa, escribir lo va incorporando a su ritmo, los temas de conocimiento del medio están más que presentes de una forma práctica,  y también practica mates mediante el juego...). Las que no, pues ahí se quedarán, en el tintero. Tras un curso "invadidos" por deberes, este es nuestro momento de no sentirnos condicionados por el colegio, por esa necesidad de repetir hasta la saciedad lo mismo. Haremos lo que nos dé la gana, que para eso son vacaciones. Hay actividades programadas por ahí, que tampoco lo dejamos todo al libre albedrío en esta casa, no somos tan "ye-yes" (es que el otro día, al comentar con una conocida el tipo de cole al que queríamos hacer el cambio, me soltó eso, que ya se me veía a mí un poco hippie y ye-yé), pero creo que no nos van a quitar la sensación de disponer de nuestro tiempo.

Y al hilo de todo este rollo catárquico, comentar tres enlaces que me han gustado mucho estos días:

- La página de Otra escuela es posible, a la que me agarro como un clavo ardiendo cada vez que me invade la idea de que soy una "friki".
- La entrada en aprendiendo matemáticas: el derecho a un verano sin deberes

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