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martes, 10 de febrero de 2009

El principito

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Estoy que no quepo en mí. Me han regalado una edición especial del 50 aniversario de la publicación de El Principito. Viene en una caja de cartón y la cubierta forrada en tela. Me encanta tocar con las manos la tela azul mientras leo. Dentro encontramos las primeras páginas del manuscrito y los dibujos originales que hizo Antoine de Saint-Exupéry. Y después, ya sí, la historia, tierna, fantástica, evocadora... me encanta este libro. Aún leída hoy, con 34 años recién cumplidos, sigo sintiéndome una niña.

Laia me ha pedido varias veces que le lea fragmentos. Ella se pone a hacer otras cosas, pero igualmente quiere que lea. Dice que es muy guapo (El principito, creo).

Buscando la fotografía de portada en internet, he encontrado este blog, París y mis cosas, donde se habla de una iniciativa de la Escuela de Escritores, en la que se seleccionó qué libro serían si los libros fuesen personas. El libro elegido fue éste. Y pone un enlace para ver un video de la experiencia, donde se lee parte del libro. Precioso.

"Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos."

"Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.)"

"Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones."

"A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Solamente con estos detalles creen conocerle."

"Únicamente los niños saben lo que buscan. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran..."

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