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lunes, 30 de julio de 2012

Bañarse en la piscina y superación de miedos. Reparto de logros

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Durante la segunda quincena de julio mis hijos estaban apuntados a un cursillo intensivo de natación. Una hora, de lunes a viernes. Los dos van cada semana a la piscina con su padre y les encanta el agua, pero pensando en la mayor, de 7 años, creíamos que eran necesarias clases de un profesional para mejorar la técnica. En cuanto al pequeño, de 3 y medio, el objetivo era que se diviertiera, básicamente, tal y como hace durante todo el año. Al llegar, nos encontramos que tanto la mayor como el pequeño estaban en el mismo grupo y el planteamiento era similar: hacer piscina tras piscina. Así que con una clase desprovista de una parte lúdica, ya me olí que el peque se cansaría de repetir y repetir lo mismo. Y aunque me sorprendió lo disciplinado que es, a medida que avanzaba la semana y trataban de imponerle hacer cosas para las que no está preparado  (que le ocasionó más de un susto) veía que su ilusión por la piscina decaía en picado, llegando incluso al miedo. Y claro, hasta ahí podíamos llegar. Él, que se tira al agua desde que tenía un año, que es el niño más feliz de la piscina... de repente empezaba a sentir rechazo. Así que la segunda semana dejó de ir. La mayor, en cambio, ha conseguido avanzar mucho en la técnica. Para nosotros es tan importante que aprendan a nadar como que lo hagan de una forma tranquila y que no signifique un agobio para ellos. Desde siempre hemos sabido que aprenderán a nadar. Que sea a los 3 a los 4 o a los 5 años nos es indiferente porque van a seguir teniendo máxima supervisión por nuestra parte en la piscina. Así que no es un tema que creamos que deba forzarse. Vamos, que es lo de siempre: hablemos de tema caminar, sueño, retirada de pañales o cualquier cosa evolutiva, lo importante es ir escuchando a nuestros hijos, saber que el crecimiento no es lineal, que se puede retroceder para luego avanzar, que no es necesario presionar... sino acompañar, estar ahí, de su lado. 

Pero como en otros temas, parece una posición minoritaria. La piscina en cuestión tenía un ventanal y tras él podíamos quedarnos los padres, mirando los progresos de los retoños. Varios niños entraban con bastante miedo. Que no digo que alguno entrara con pereza de esa que se pasa al primer remojón, pero había niños que transpiraban pánico. La respuesta era "adentro", abrían la puerta, los soltaban, literalmente y cerraban. Y dentro, la actitud del monitor era bastante autoritaria, teniendo como método para apaciguar llantos y revertir miedos el: "te callas, o....". Las madres hacían piñas unas con otras, con mensajes conjuntos de ánimo hacia los niños que tenían miedo a entrar "venga, hombre, ¿no ves lo mal que lo pasa tu madre?"... También se oían autojustificaciones del tipo "es que es muy cabezón". A mí todo esto me llegaba al alma y se me hacía un nudo en el estómago. Pero el remate eran las madres que comentaban, entre risas, las frases de sus hijos "¿Por qué me abandonas? ¿Por qué quieres que me muera? ¿Por qué me dejas solo?". Brutales. Cada uno conoce a sus hijos y sabe lo que hay que hacer, pero no entiendo qué necesidad hay de poner a un niño en esa situación de pánico, de cuestionar a la persona que más quiere, de sentirse tan sólo, tan poco acompañado, escuchado y lo más terrible, abandonado. No entiendo la presión porque acallaran sus sentimientos, que se los tragaran con patatas fritas. Porque todo iba enfocado no tanto a tratar que sus hijos superaran el miedo, sino a que se callaran y acataran la decisión materna de que el niño tenía que aprender a nadar. Lo mejor de todo vino cuando tras dos semanas de angustias (en un caso, al cabo de tres semanas), los niños acabaron entrando algún día sin "liar el pollo", que suele decirse. O teniendo algún rato en la piscina sin lágrimas. El rostro triunfal de las madres y de resignación de los niños era de cuadro. Así, las madres, con su firme actitud, habían "conseguido" que sus hijos entraran a la piscina todos los días; no se habían "dejado torear" y habían hecho mucho por ellos. 

Ahora voy a contar otra experiencia. El sábado fuímos en familia a la piscina. Había un chico, con síndrome de down, diciendo que no entraba al agua. Que no, que no y que no. Su madre (una mujer bastante mayor), le decía que entendía que tuviera miedo, que había mucha agua en la piscina y que impresionaba. Le dijo que ella se me metía y él podía quedarse en la escalera, tomando fuerzas. El chico se puso en la escalera. La madre le decía que ella estaba con él, que estaba allí. Reforzaba los logros sin exagerarlos (ese sería otro tema del párrafo anterior). El chico primero metió un pie, luego el otro. Se aplaudía a sí mismo, sonreía. Se le veía feliz por haber podido meter los pies, por haberlo logrado Él (no la madre con su firme actitud). Poco a poco fue metiendo todo el cuerpo, con el soporte emocional de su madre. Creo que estuvo más de veinte minutos para conseguirlo, pero al meterse fue el chico más feliz que se haya visto jamás en una piscina (con permiso de mi hijo, of course).

Moraleja: Escuchar, acompañar, dar soporte, tener paciencia, confiar en ellos y en sus propios ritmos.

Y al monitor, le recomendaría la lectura de este artículo: El miedo al agua: estrategias y recursos para superarlo

8 comentarios:

  • 30 de julio de 2012, 20:02

    Cuanto me agrada "escucharte" con ese enorme respeto que sientes por la infancia. Hay un desconocimiento profundo, que se mezcla con creencias populares con mucho arraigo en el tiempo, acerca de la psicología infantil y que hace a muchas madres desoir o desconfiar de las necesidades de sus hijos... y lo que es peor, también a algunos educadores.
    Yo tuve una experiencia muy mala con Bruno en matronatación y aunque supe reaccionar rápido y dejamos de ir, me dejó muy mal sabor de boca ("al niño si no le fuerzas un poco nunca va a aprender a nadar"... ¡¡apenas había cumplido dos años!!!) A Bruno le ha costado 5 años meter la cabeza dentro del agua, pero no sabes lo contento que está de haberlo conseguido... bueno aunque sé que lo imaginas perfectamente por la descripción tan tiernna que haces de la escena de la niña en la piscina :) Drago, en cambio, con tres años menos, es un pececito, no tiene miedo a nada y si pudiera perseguiría delfines o tal vez los delfines lo perseguirían a él :) yo disfruto lo mismo viendolos a los dos "nadar", es un regalo.
    Perdona por haberme extendido tanto, hace días que tengo el tema de la pisci en la cabeza, tengo pendiente escribir algo sobre ello, y me ha encantado la entrada, tus hijos van a ser niños felices por tenerte a su lado.
    Un abrazo grande

  • 31 de julio de 2012, 8:27

    Yo le tengo pánico al agua desde que tengo uso de razón y lo he (casi) perdido este año gracias a mis hijos.

    Tenemos una parcela con piscina y les he visto cambiar en dos años, el miedo por cautelea y la cautela por diversión y encima me han animado con muchisimo cariño a meterme con ellos, a hacer "carreras" n adando de un bordillo al otro, a jugar!!!

    Ellos saben de serie, lo que a los adultos se ve que muchas veces se nos olvida:
    respeto, contención, compañia y diversión= receta perfecta para conseguir todo en la vida.

    Un abrazo!!

  • 31 de julio de 2012, 11:10

    Gracias a las dos. Gracias Aurora por compartir tus reflexiones y experiencias. Debió de ser un mal trago para ti y para Bruno. Quedo pendiente de tu entrada ;) A mí me rondó durante toda la quincena hacerla, pero al final, queda como ese "ver la paja en el ojo ajeno" (aunque haya mucha tendencia a pensar que eso es lo que hay que hacer). Pero cuando el sábado vi a esa madre y la santa paciencia que tuvo y el respeto con el que manejó la situación... uff, fue como ver dos mundos reflejados. Y ver que el mundo en el que quiero estar es en el segundo. No siempre lo consigo, que yo tengo mis cositas y mis grandes cosas... :)

    Un abrazo a las dos.

  • 1 de agosto de 2012, 14:35
    Mon :

    Maite, hoy mi hijo mayor comenzaba un cursillo de iniciación. Me costó mucho dar el paso de apuntarle, por todo lo que comentas y esta noche he dormido fatal de puros nervios.

    No he respirado tranquila hasta que le he visto salir y "bucear" en la expresión de su cara. Estaba contento y quería volver al día siguiente.

    Entonces y solo entonces he respirado feliz.

  • 1 de agosto de 2012, 17:34

    Ay Mon, ya siento que te generara ese desasosiego!!! Creo que los de la edad de nuestros mayores, en general, ya están preparados para el tipo de clases de natación. y les gusta, ven cómo progresan, se esfuerzan y tal. Creo que el problema es que hemos trasladado eso a los de 2 y 3 años. Y habrá niños que sí, pero muchos no están preparados para meterse solos en el agua y seguir un curso de natación al uso.

    un abrazo y que siga así!!! Laia ha quedado encantada, por ejemplo, del curso. Ha visto cuánto ha mejorado, puede mover mejor los brazos y está super motivada (y con los juegos olímpicos de por medio, no te digo ná!!! la ves hasta hacer mariposa fuera del agua imitando a Phelps)

  • 3 de agosto de 2012, 2:02
    Pat :

    me ha gustado mucho, el respeto es fundamental para educar no solo a nuestros hijos, sino a una nueva generación. espero que mi granito de arena, eduque a sus granitos y asi hasta el infinito, hasta el día en que los raros sean ellos...quien sabe

  • 5 de agosto de 2012, 13:15

    Gracias Pat. Ya me han dicho algunas amigas que en su entorno, lo raro es lo que he comentado. Eso es bueno! un abrazo

  • 3 de septiembre de 2012, 10:01

    Supongo que ya conoces la historia, pero N el año pasado empezó también natación en octubre. Primero no quería ni probarlo, le convencí, y el primer día que fue salió muy contento. El segundo le dijeron que tenía que meter la cara en el agua y se acabó la piscina, no quiso volver. La propia monitora me dijo que no le forzáramos, que si no quería ir, que le dejáramos y que ya iría cuando fuera más mayor. Yo es que no sé como se hace eso de obligarles, porque el mío llora y me persigue y se agarra a mí, vamos, que no puedo abandonarlo en el vestuario y que llore lo que quiera pero tiene que ir.

    Tampoco entiendo ese afán de que tienen que saber nadar. A empezó a nadar ella sola cuando quiso, le ofrecí ir a natación y fue cuando quiso, y ahora va todos los años un trimestre a la escuela municipal, y se defiende bastante bien (por cierto, voy a mirar si han abierto el plazo de inscripción). N es feliz con sus manguitos. Y como dijo este verano, "pues no nado, como la abuela", y listo. No creo que llegue a adulto sin saber nadar, le quedan muuuuchos años por delante, y si llega, pues ahí están las clases para adultos ;-)

    Eso sí, L creo que si el verano llega a durar tres meses más, ya nada sola.....

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